Nos hemos convertido lentamente en una sociedad de vampiros, en depredadores empedernidos dominados por la frívola sed insaciable del poder.
Años atrás escapaba escabrosamente de los intentos de mordidas. Mis esfuerzos cada día eran más extenuantes. Sentía como agotaba fuerzas en las piernas para seguir corriendo, a un ritmo, donde burlonamente creía que no sería alcanzada por ningún maldito.
Y un dia, después de tanto correr, comprendí que estaba entrampada en una red enorme de relaciones infectadas.
Tenía dos opciones:
La primera en considerar, convertirme en cazadora, matar a todas las criaturas malditas que encontrara equipada de agua bendita (Religión), una estaca de madera (Perseverancia) o una daga de plata (Dinero)
Y mientras me sumerjo en lo profundo de mis pensamientos inmaginando el heroísmo que tendría, sentí la cruel abofetada de la realidad; Empezaba a perder la fé en el idealismo de un Dios vendido de diferentes marcas y modelos en cada iglesia. Así que, no habría manera de que el agua bendita pudiera servirme de ayuda. Era mejor considerar las otras opciones, pero analizándolas detenidamente tuve que llegar a la conclusión de que realmente no tenía destreza suficiente como para acertar con un corazón en medio de una sangrienta pelea. Es más, si le ponía “Perseverancia” puede ser que llegara a lograr mi objetivo de clavar un frío corazón, pero.. el empeño no justifica las cicatrices que tendría que soportar por el honorable recuerdo de mi capricho.
Por otro lado lo menos que tenía era dinero como para estar comprando dagas de plata o para pagarle a los mugrientos vampiros que cazan vampiros a cambio de efectivo para su vicio de estupefacientes.
La idea de ser una Van Helsing se desvanece, no tenía armas de combate, ni habilidades super dotadas, ni fé en medios sujetivos.
Así que despacio voy estudiando mis posibilidades de seguir siendo presa. La carnada, la que todo el mundo aplasta en demostración de poder, la buena persona que da sin nada a cambio, la que ama y recibe cuchillazos, la que trabaja sin aumentos de sueldo, la que ahorra dinero que le descuentan en impuestos, la que presta y nadie le paga, la que aguanta si desea superarse. Mmmmm, esa idea es asquerosa, pero puede que más que el dejar de ser una carnada manipulada por una sociedad vampireza.
Así que pretendía huir de las mordidas utilizando un moralismo obsoleto como excusa. Mis problemas eran mayores que el defender lo que no quería llegar a ser. Mi real problema consistía en la supervivencia en una ciudad infectada a mas grandes niveles.
La posibilidad de cuarentena consistía en refugiarme mediante el fanatismo de alguna religión, pero las monjas no me llaman la atención. Si se tratara de ser lesbiana prefería hacerlo dentro de un bar y no reclutada en las paredes de un convento. Además el pastor de la iglesia de mi madre quería tener sexo impuro conmigo. Mejor ni considerar la posibilidad.
…..
Uno de esos días, en los que premanecía absorta en mis pensamientos y meditaciones, no percaté la cercanía de un vampiro depredador, de esos que satisfacen su sed con el sufrimiento ajeno. Me dejé morder lentamente mientras me aferraba a la idea del quizás, del puede ser que no sea tan malo. Pero me dejó moribunda, debatiendo entre la vida y la muerte con cada respiro hasta perder el conocimiento.
Y me despierto entonces en una jungla peor. En ring de lucha constante por la superioridad, el ser mejor, ser inmortal. Ese infierno donde las peleas por territorio son repulsivas, pero tienes que cuidar lo poco que tienes de los demonios internos de los de tu raza.
Miro a mi alrededor, ahora tengo que saciar mi propia sed. Soy víctima de mis instintos pasionales.
…
Nos hemos convertido en chupasangres modernos, retratos de la metáfora más vendida de la historia.
Hemos degradado nuestra condición de humanos al satisfacer nuestro instinto animal depredador.
Hemos creado un mítico infierno con nuestras guerras.
Y aún así, nos seguimos alimentando de la debilidad humana de nustras víctimas más débiles: Esa madre abusada por su alcohólico marido, esa niña inocente violada por algún familiar, ese estudiante universitario, ese drogadicto inducido, esa jovencita de lindo cuerpo, ese trabajador honesto y ese artista no conocido. A dichos cuales, ofreciéndole asilo en nuestras criptas políticas, laborales, religiosas, familiares, esperamos el mejor momento de devorarlos para mantener una absurda inmortalidad contarizada.
Así que llegamos al abrupto alcantarillado de las decisiones.
Alimentar y convertir, o alimentar y causar sufrimiento.
De ninguna manera puedo evitar una de las dos posibilidades en algún determinado momento y el daño recibido es irreversible para considerar volver a la condición de humana.
Si fuera licántropa fuera otra historia…
Y por cierto, andan mereodando las calles de nuestro vecindario.