martes 2 de febrero de 2010

Vía contraria

Soy una de esas personas que constantemente se andan quejando de la cotidianidad. Mi rebeldía natural me obliga a resistirme ante sus imposiciones de rutina con frecuencia, tanto así que frecuentemente he sido tildada de "Loca" por mis constantes intentos de no dejarme agobiar por una actitud repetitiva hacia lo que hago a diario.


Solía salir a caminar por las mañanas. Usualmente salía con una amiga mas tarde de lo adecuado, pero el deseo de mejorar mi físico le sobrepasaba a mi haraganería mañanera.


Un día de esos, caminando junto a Las Américas, voy deteniendo mis ojos en observar el tráfico. Cientos de personas personas absortas de su alrededor, algunos tocando bocinas constantemente, pretendiendo estúpidamente que el ruido ocasionado despejaría la larga fila de vehículos, otros a su vez intentaban abordar algún transporte público masivamente lleno. Por otro lado un grupo de mas agresivos, quizás, que zigzagueando velozmente procuraba pasar a toda costa delante al vehículo del frente. 


No vi bicicletas, ni caballos tirando de carros. En estos tiempos eso no se anda viendo a cada rato. Pero bueno..


De repente, en medio del caos matutino, veo un hombre saltando por la línea divisora de las vías de la calle. Estaba cantando alegremente mientras elevaba los brazos al cielo en señal de agradecimiento.


Unos sucios pantalones cortos le cubrían apenamente, su pecho desnudo, su pelo largo y enredado daban muestras inconfundibles de locura, pero el reía en medio de un caótico tapón y nadie tenia que ver con eso. Sin darse cuenta de ello, su mundo esquizofrénico me causó envidia por unos minutos.  


¿Por que será que se me olvida lo linda que es la vida cuando las cosas no me salen como quiero? Simplemente me fustra el ver como a veces me dejo consumir entre responsabilidades y deberes. 


Debería mas a menudo saltar en la cama como lo hacia cuando era niña, salir a mojarme en un aguacero, correr bicicleta suelta de las dos manos, dar un beso a escondidas con toda la intensidad del mundo, escribirle a alguien.. y que se yo... Simplemente saltar en un tapón sin importarme lo demás.

lunes 1 de febrero de 2010

Volveré..

Plenamente ando totalmente jodida. Casi me dejo atrapar por una secuela de liberalismo, consumismo, figureo y vanidad.

He explorado las diversas casualidades, me he dejado seducir con las millones de posibilidades que se procrean al seguir mis instintos naturales y carentes de esencia.

En resumen, seguiré escribiendo con frecuencia. El releerme me lanzó en la esquina vulnerable. ¿Acaso me dejé perder?

Ya pasó la rabia, el amor la depresión, la pobreza, la negación.

Redención golpea mi puerta si escribo más seguido.

martes 6 de octubre de 2009

Existencia trascendental

Un día normal y rutinario te descubres objeto y víctima del paradigma de rutina que no elegiste para ti.



¿Será cierto que lo eres? Para negarte a la posibilidad de ello repasas tus metas personales y sueños por cumplir. Llegas a la conclusión de que ahí vas, lo estás haciendo bien.


El trabajo mejora, no es un sueldo excesivo pero te permite comodidad deseada. Puedes irte de bonche los fines de semana, comprar unos zapatos en Púrpura cuando se te antoje, pagar el préstamo del carro o taxis para moverte, el servicio de Blackberry, almorzar en restaurantes, algún espectáculo público, tragos en el café de moda, gasolina, detalles para el novio (Si es que hay uno), una cartera de marca y chucherías eventuales que ni necesidad tienes de ello.


Con unos 23 años pretendes que a los 30 debes estar estable en tu propio apartamento con el título de Maestría colgado de la pared, claro está, con mas remuneración por tu trabajo, y el hombre de tu vida por ahí. No se puede profetizar sobre los hijos, así que no se si incluirlos en la visión del futuro.


Y estás mejor que muchas ¿no? Te lo dices para justificar tus supuestos logros y omitir la vocecita de tus frustraciones.


Pero no, todo está mal. Nada está encaminado a lo que realmente quieres. La flecha hacia arriba es solo un indicativo social inculcado del que no te resistes, no es la realidad de lo que quieres llegar y de pronto te vuelves estúpida si no lo persigues.


¿Eso es lo que quieres de vida? Nacer, crecer, reproducirte y morir? En el mundo animal es perdonable, pero tienes un cerebro que te impone superioridad. ¿Ser exitoso se trata de hacer dinero? No. Se supones que lo que te gusta hacer te deja dinero en algún momento determinado. Por ejemplo, puedes tener una rentable idea de negocio que nunca inmortalizará tus ideales sino te arriesgas en grande.


Detente un poco de pensar banalidades, respóndeme ¿Cuál es tu aporte a la humanidad, a la sociedad donde vives? ¿Cuál es tu verdadero propósito de vida? Ser una más de las millones de personas de nuestra generación que solo aportan datos estadísticos?


No, no estás loca. Ni remotamente pienses en esa posibilidad... Aunque… Si lo eres esta bien. Tu tranquila.


Es más, Mentes anormales han dominado el mundo por lo largo de los siglos. Fíjate de Hittler, créeme, que si él hubiera sido un hombre normal, cabal y sobrio la historia jamás te habría contado de su existencia y el hubiera dedicado su vida a criar sus hijos y consentir a su mujer. Pero no, ni Einstein, ni Isaac Newton, ni Da Vinci, ni Jesús, ni Mahoma, ni Gandhi, ni Abrahan Lincoln, ni Marie Curie, ni la Madre Teresa, ni Napoleón, ni Tarantino, ni Sabina, ni Jack Sparrow, ni Peter Pan, ni Frederick Taylor, ni Gucci, ni Louis Voitton, ni Roger Federer, ni Neil A. ni Madonna o Michael Jackson. Si todos ellos (o sus creadores), hubieran tenido en su mente vivir más cómodos, tener posesiones valiosas y verse físicamente bien a los 40 años, en primaria enseñarían una historia de manera distinta. Es más, de no ser por esas grandes mentes “locas”, ahora no estuvieras escribiendo en un computador..



Ellos simplemente se dedicaron a ser mejores en lo que les gusta.



¿Te das cuenta? Se protagonista de la novela de tu vida, no espectador de los triunfos ajenos.
 Haz de tu oración una acción y no te sientes a esperar respuestas divinas. Procura tener una existencia transcendental, y solo así, alcanzarás inmortalidad sin tener que ir al cielo.


…….


Nada que ver pero me viene al caso, Si volvieran los dragones – Fito Paez & Joaquín Sabina (Enemigos íntimos 1998)

miércoles 30 de septiembre de 2009

De vampiros

Nos hemos convertido lentamente en una sociedad de vampiros, en depredadores empedernidos dominados por la frívola sed insaciable del poder.



Años atrás escapaba escabrosamente de los intentos de mordidas. Mis esfuerzos cada día eran más extenuantes. Sentía como agotaba fuerzas en las piernas para seguir corriendo, a un ritmo, donde burlonamente creía que no sería alcanzada por ningún maldito.


Y un dia, después de tanto correr, comprendí que estaba entrampada en una red enorme de relaciones infectadas.


Tenía dos opciones:


La primera en considerar, convertirme en cazadora, matar a todas las criaturas malditas que encontrara equipada de agua bendita (Religión), una estaca de madera (Perseverancia) o una daga de plata (Dinero)


Y mientras me sumerjo en lo profundo de mis pensamientos inmaginando el heroísmo que tendría, sentí la cruel abofetada de la realidad; Empezaba a perder la fé en el idealismo de un Dios vendido de diferentes marcas y modelos en cada iglesia. Así que, no habría manera de que el agua bendita pudiera servirme de ayuda. Era mejor considerar las otras opciones, pero analizándolas detenidamente tuve que llegar a la conclusión de que realmente no tenía destreza suficiente como para acertar con un corazón en medio de una sangrienta pelea. Es más, si le ponía “Perseverancia” puede ser que llegara a lograr mi objetivo de clavar un frío corazón, pero.. el empeño no justifica las cicatrices que tendría que soportar por el honorable recuerdo de mi capricho.


Por otro lado lo menos que tenía era dinero como para estar comprando dagas de plata o para pagarle a los mugrientos vampiros que cazan vampiros a cambio de efectivo para su vicio de estupefacientes.


La idea de ser una Van Helsing se desvanece, no tenía armas de combate, ni habilidades super dotadas, ni fé en medios sujetivos.


Así que despacio voy estudiando mis posibilidades de seguir siendo presa. La carnada, la que todo el mundo aplasta en demostración de poder, la buena persona que da sin nada a cambio, la que ama y recibe cuchillazos, la que trabaja sin aumentos de sueldo, la que ahorra dinero que le descuentan en impuestos, la que presta y nadie le paga, la que aguanta si desea superarse. Mmmmm, esa idea es asquerosa, pero puede que más que el dejar de ser una carnada manipulada por una sociedad vampireza.

Así que pretendía huir de las mordidas utilizando un moralismo obsoleto como excusa. Mis problemas eran mayores que el defender lo que no quería llegar a ser. Mi real problema consistía en la supervivencia en una ciudad infectada a mas grandes niveles.


La posibilidad de cuarentena consistía en refugiarme mediante el fanatismo de alguna religión, pero las monjas no me llaman la atención. Si se tratara de ser lesbiana prefería hacerlo dentro de un bar y no reclutada en las paredes de un convento. Además el pastor de la iglesia de mi madre quería tener sexo impuro conmigo. Mejor ni considerar la posibilidad.


…..


Uno de esos días, en los que premanecía absorta en mis pensamientos y meditaciones, no percaté la cercanía de un vampiro depredador, de esos que satisfacen su sed con el sufrimiento ajeno. Me dejé morder lentamente mientras me aferraba a la idea del quizás, del puede ser que no sea tan malo. Pero me dejó moribunda, debatiendo entre la vida y la muerte con cada respiro hasta perder el conocimiento.


Y me despierto entonces en una jungla peor. En ring de lucha constante por la superioridad, el ser mejor, ser inmortal. Ese infierno donde las peleas por territorio son repulsivas, pero tienes que cuidar lo poco que tienes de los demonios internos de los de tu raza.


Miro a mi alrededor, ahora tengo que saciar mi propia sed. Soy víctima de mis instintos pasionales.





Nos hemos convertido en chupasangres modernos, retratos de la metáfora más vendida de la historia.


Hemos degradado nuestra condición de humanos al satisfacer nuestro instinto animal depredador.


Hemos creado un mítico infierno con nuestras guerras.


Y aún así, nos seguimos alimentando de la debilidad humana de nustras víctimas más débiles: Esa madre abusada por su alcohólico marido, esa niña inocente violada por algún familiar, ese estudiante universitario, ese drogadicto inducido, esa jovencita de lindo cuerpo, ese trabajador honesto y ese artista no conocido. A dichos cuales, ofreciéndole asilo en nuestras criptas políticas, laborales, religiosas, familiares, esperamos el mejor momento de devorarlos para mantener una absurda inmortalidad contarizada.

Así que llegamos al abrupto alcantarillado de las decisiones.


Alimentar y convertir, o alimentar y causar sufrimiento.


De ninguna manera puedo evitar una de las dos posibilidades en algún determinado momento y el daño recibido es irreversible para considerar volver a la condición de humana.


Si fuera licántropa fuera otra historia…


Y por cierto, andan mereodando las calles de nuestro vecindario.